Un clásico francés con un toque invernal y reconfortante
La quiche nació en la región francesa de Lorena, donde se preparaba tradicionalmente con una base de masa quebrada y un relleno suave de huevos y crema. Con el paso del tiempo, la receta se extendió por toda Francia y empezó a adoptar variaciones que incorporaban verduras, quesos y sabores más dulces o intensos. La combinación de champiñones salteados, cebolla caramelizada y queso brie es una de las versiones modernas más apreciadas, pues une la cremosidad del queso con la dulzura de la cebolla y el aroma terroso de las setas. El resultado es un plato cálido, elegante y perfecto para los meses de invierno.
Raciones: 6–8 porciones
Tiempo de preparación: 55 minutos
Ingredientes
Para la base
- 1 lámina de masa quebrada
- Mantequilla para el molde
Para el relleno
- 300 g de champiñones frescos (o mezcla de setas)
- 2 cebollas grandes
- 150 g de queso brie
- 3 huevos
- 200 ml de nata líquida para cocinar
- 1 cucharada de azúcar para caramelizar
- 1 cucharadita de mantequilla
- Sal y pimienta
- Tomillo o romero (opcional)
Preparación
La masa quebrada se coloca sobre un molde previamente engrasado y se adapta bien a los bordes. Se pincha la superficie con un tenedor y se hornea en blanco durante unos minutos para que quede firme y no se humedezca con el relleno.
Mientras la base se hornea, se cortan las cebollas en tiras finas y se cocinan lentamente en una sartén con mantequilla y un toque de aceite. Una vez tiernas, se añade el azúcar y se mezclan hasta que adquieran un color dorado intenso y un sabor dulce y suave. En otra sartén, los champiñones se saltean a fuego medio alto hasta que pierdan su agua y queden dorados y aromáticos. Ambos ingredientes se dejan templar.
En un bol se baten los huevos con la nata, se salpimienta y se añade una pizca de tomillo si se desea. Sobre la base de masa horneada se reparte primero la cebolla caramelizada, después los champiñones y, por último, el queso brie cortado en trozos. El relleno líquido se vierte sobre la quiche y se introduce en el horno a 180 °C hasta que el interior cuaje y la superficie aparezca ligeramente dorada.
Tras unos minutos de reposo, la quiche se corta con facilidad y se presenta cremosa, fragante y perfecta para disfrutar en cualquier comida de invierno o como parte de un brunch especial.
